El abismo que separa los países industrializados de los que están en vías de desarrollo es muy profundo. Las condiciones marco en los países pobres son a menudo insuficientes, cuando no problemáticas. Al mismo tiempo, estos países muestran un gran potencial de desarrollo. Son jóvenes, crecen y disponen casi siempre de preciosos recursos naturales. A menudo son comparables con la Europa de hace algunos siglos. Con un poco de paciencia, hay lugar para el optimismo.
Es poco lo que una fundación puede aportar para cambiar los mecanismos políticos y económicos. Sin embargo, con una ayuda específica a iniciativas locales de desarrollo se pueden mejorar mucho las condiciones de vida de personas y grupos concretos. La formación no se limita a capacitar a los beneficiados para ejercer una profesión y obtener ingresos, les faculta y motiva para intervenir en los procesos de decisión de su país.
La cooperación al desarrollo constituye una prioridad de la Fundación Limmat desde 1972. Se trata de una verdadera cooperación, ya que los auténticos actores del desarrollo son los socios locales. Son ya centenares los proyectos que han recibido apoyo de la Fundación Limmat. Se pueden consultar los proyectos de cooperación al desarrollo de los últimos años bajo «Proyectos».